Redarquías: otras formas de tejer redes sociales

El interés en las redes sociales en nuestro país ha crecido estrepitosamente en los últimos años. Las miradas de los actores mediáticos, políticos y académicos se dirigen recurrentemente hacia este nuevo espacio digital, pues es allí donde ahora confluye una gran parte de la población para comunicarse, organizarse y actuar, ya sea en temas políticos, económicos o culturales. Si bien existía un escepticismo sobre su relevancia, hoy es indiscutible la importancia de las redes en la construcción de la opinión pública y la formación de acciones individuales y colectivas. Pero el balance, entre las posibilidades algorítmicas de las plataformas digitales de redes sociales y los usos que la población boliviana hace de ellas, aún no está claro. ¿Nos integran o nos fragmentan como sociedad?, ¿son medios de democratización o de autoritarismo?, ¿empoderan a los ciudadanos o los idiotizan?, ¿son un espacio de circulación de mentiras o de interpelación al poder político?

Desde una lectura política, en un inicio existió un exagerado optimismo sobre el rol de las redes en la construcción de la democracia. Hoy sin embargo se vuelca la moneda: existe un pesimismo, igual de exagerado, alentado desde el discurso político oficial. Transitamos, muy laxamente, de centrarnos en el rol de la redes en la construcción de iniciativas colectivas tan relevantes como el movimiento en defensa del TIPNIS del año 2011 y de NiUnaMenosBolivia del año 2016, a llenarnos la boca de “fake news”, “posverdad”, cámaras de eco, o más recientemente centrarnos en la mercantilización de los datos personales que hace facebook y su posible manipulación partidaria. El problema aquí es tomar estos discursos como narrativas globales y absolutas sobre todo lo que sucede en las redes sociales. Pero es de advertir que éstas fallan en no tomar en cuenta que las redes sociales digitales, al igual que las propias dinámicas sociales, no son homogéneas, estáticas ni unívocas. Las redes poseen una vida molecular y dinámica que es difícilmente atrapable en el lenguaje atendiendo solamente algunos de sus momentos o facetas.

Si bien existen tanto aspectos positivos como negativos en el espacio de las redes, en la columna que inauguramos hoy, apostamos por visibilizar aquellas dinámicas sociales subterráneas donde la gente común teje un continuo entre redes simbólicas y redes de acción mediadas por redes digitales. Construcciones desde abajo, desde la propia sociedad civil, que las miradas oficiales no vislumbran debido a su fijación con los temas más rimbombantes de la agenda pública nacional. Dinámicas donde la gente de a pie construye redarquías, que no tienen como modelo a las instituciones tradicionales de nuestro país, ni responden a los intereses estratégicos de las instituciones dominantes.

La redarquía implica dos dimensiones. En primer lugar,  es una forma de construcción colectiva que se opone a la jerarquía; en lugar de un poder centralizado en la figura de un caudillo o una camarilla, aparece un poder que se encuentra distribuido entre todos los participantes, quienes colaboran sin una dirección central burocratizada. En segundo lugar, se refiere a una utopía política, que, frente al excesivo individualismo y colectivismo del liberalismo y el socialismo respectivamente, apunta a una construcción de una polis más abierta y participativa, desde los individuos conectados y preocupados por los bienes comunes: un redarquismo. Las redarquías, sin embargo, no están exentas de contradicciones. Se encuentran en constante antagonismo con las jerarquías, tanto internas como externas. Tampoco se basan solamente en las tecnologías de las redes sociales digitales que incluyen al Internet, la Web y otras tecnologías digitales sino que son dinámicas, primariamente, de orden social y sólo, subsidiariamente, mediadas tecnológicamente.

Estas ideas, y el propósito de la columna, nacen de un colectivo de jóvenes  investigadores(as) en ciencias sociales, que creen en el potencial de Internet y las tecnologías digitales para la autonomía y el cambio, bajo ciertos parámetros sociales. No solo les contaremos sobre nuevas experiencias de construcción de redes sociales, también señalaremos los posibles caminos que se necesitan andar para profundizar la creación de redarquías. Intentamos ver el potencial de estos nuevos tejidos como una alternativa que nos permita ir más allá de nuestra cultura política caudillesca y corporativista. Se trata de observar nuestra sociedad, a fin de cuentas, con un ojo puesto en el presente y otro en el futuro, entre la descripción y la imaginación.

[Este artículo originalmente se publicó en Opinión]

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