Peregrinando
Adela Zamudio — peregrinando (1943)

I

Un sol de primavera
Sobre una senda fácil y florida:
Tal es el mundo al despertar, —tal era
La jornada primera
Del viaje de mi vida.
¡Aurora bendecida en que bastaba
Para marchar serena
Pensar que ser feliz era ser buena!...
¡Ser feliz! ¡ser feliz! ¡móvil constante
Que nos arrastra en el fatal camino!
¿Quién nos ha prevenido de antemano
Que es éste el gran secreto del destino?

II

También yo, de mi lira destemplada
Las notas quejumbrosas
Vengo a mezclar al mundanal concierto.
Un alma delicada
Entre esta multitud, se halla tan sola
Como pudiera estarlo en un desierto.
Soñar una región más elevada,
Amar un ideal y resistirse
A festejar este sainete humano
Que danza sobre el fétido pantano;
Asfixiarse en el aire nauseabundo
De un bajo, estrecho y miserable mundo,
Es ser maldito, odiado, escarnecido;
¡Ay de aquél que se aparte
De la infame algazara!...
Se le llama rebelde y renegado
Y se le arroja ciénago a la cara...

III

¡Qué horrible procesión la que acompaño!
Sus roncas carcajadas me hacen daño.
Yo no puedo, no puedo
Ponerme la careta del engaño
Y hacer de esos dichosos un remedo.
¡Cuántos hay que se agrupan a montones
En la encantada orilla
Del insondable mar de las pasiones!
En la noche de horror y desamparo
Del que se lanza en ese rumbo incierto.
Raro será, muy raro
Quien llegue pronto a divisar un faro
Que le conduzca al puerto.
¡Cuántos llevan el seno hecho girones
Por la garra feroz del desencanto!
Gastados corazones
Lápidas de sus muertas ilusiones
Tal vez medio borradas
Con un raudal de llanto.

IV

En la cima de un monte solitario
Termina mi Calvario.
Sentándome en el borde del sendero
Con la frente apoyada entre las manos.
Gozar de paz unos instantes quiero.
Desde aquí vuelvo con la mirada
Y en un abismo de dolor me pierdo...
En las nubladas ondas del olvido
Se despierta la voz desconsolada
Del ángel del recuerdo
¡Ah! no es tan fácil como yo creía:
Idiotizar un alma resignada;
No es fácil afrontar por mucho tiempo
Con faz siempre serena,
De un vacío sin término la pena
Y de un truncado porvenir la nada.

V

Existe un misterioso sentimiento
Que en horas de despecho y desaliento
hablaba en otro tiempo a mis oídos
Como voz interior: — "¡Espera, espera!
No juzgues de la historia de tu vida
Sin llegar a la página postrera".
¡Ya es tiempo de llegar! Voy trasponiendo
La trabajosa cima;
Ya se apaga la luz y el sol se esconde;
La noche se aproxima.
Quiero llamar a la temida puerta
Donde sólo el Silencio nos responde.
¡Tengo una horrible sed que me devora!
Mi espíritu se baña desde ahora
En esa melancólica frescura;
Estoy ansiosa ya de tu reposo,
¡Oh! lecho delicioso!
¡Callada sepultura!
