Poeta
Adela Zamudio — peregrinando (1943)

En la ruidosa fiesta del trabajo,
De nuestro siglo en la grandiosa escena,
En medio de ese caos que se llama
"Lucha por la existencia",
Un personaje exótico aparece
Extraño a los negocios de la tierra,
Es su porte modesto al par que altivo,
Y hay en su frente un sello de grandeza:
Ni la risa del necio lo confunde,
Ni del rico la vana suficiencia,
Al pisar el umbral de los salones,
Quizá por vez primera,
Ostenta en sus modales
La distinción de incógnita nobleza.
— ¿Quién es?
— El mismo que haraposo un día
Cruzó las playas de las islas griegas,
Cuyos divinos cantos,
Fragmentos de una espléndida epopeya,
Arrojados al viento de los siglos
Son de su genio la inmortal herencia.
El mismo que en los campos de la Galia,
Peregrino, en las noches de tormenta,
Cansado y aterido,
Del hogar patriarcal llamó a la puerta;
Y acogido con franca simpatía
Tras de sabrosa cena,
Encantó a sus oyentes con tiernísimas
Baladas y leyendas;
Y ante los muros del feudal castillo,
Desafiando la furia de los déspotas,
Pulsó el laúd, vibrante y melancólico,
De la oculta beldad junto a la reja.
Es el desheredado del destino
Que en su errabunda y singular carrera
Va recogiendo lauros — siempre el mismo
A través de los siglos y las épocas.
En cambio del laúd y de la lira,
Por doquiera que va, consigo lleva
álbum — su tesoro — más valioso
Que todos los tesoros de la tierra.
Hay en su pecho un fuego misterioso:
El fuego de la Idea.
¡La Idea! Sentimiento sublimado
Que en el cerebro la razón condensa
Y en el claro raudal de la palabra
Brota llenando páginas excelsas.
Mas, para que esa llama sacrosanta
En su potente corazón se encienda,
Es preciso que apure de la vida
Las heces más acerbas;
Que conozca del hórrido infortunio
Las escabrosas sendas;
Que sus riscos y abrojos le lastimen,
Que sus choques y obstáculos le hieran.
¡Eso es la inspiración! Flor misteriosa
Que sólo exhala su divina esencia
Después de las terribles sacudidas
De tempestad violenta........
Esa es la obra del Arte: sacro fuego
Que devorando crea;
Crepitación de un alma hecha pedazos
Sangre del corazón, — ¡eso es la idea!
¡Oh bardo del dolor! llegas a tiempo:
Pulsa el laúd, alza la voz profética;
De las grandezas de la edad presente
Muestra la falsedad y la miseria.
Lamenta los secretos angustiosos
De esa infeliz generación decrépita
Que, ahogando el malestar que la devora,
Se muestra satisfecha
De los triunfos risibles
De la industria y la ciencia......
También tú, tributario de este siglo,
Tienes el alma y la conciencia enfermas.
¡Poeta del dolor! Llegas a tiempo,
Cantor de la verdad, ¡pulsa esa cuerda!...
