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Adela Zamudio

Peregrinando, 1943

Peregrinando

poesía, 82 versos

I

Un sol de primavera

Sobre una senda fácil y florida:

Tal es el mundo al despertar, —tal era

La jornada primera

Del viaje de mi vida.

¡Aurora bendecida en que bastaba

Para marchar serena

Pensar que ser feliz era ser buena!...

¡Ser feliz! ¡ser feliz! ¡móvil constante

Que nos arrastra en el fatal camino!

¿Quién nos ha prevenido de antemano

Que es éste el gran secreto del destino?

II

También yo, de mi lira destemplada

Las notas quejumbrosas

Vengo a mezclar al mundanal concierto.

Un alma delicada

Entre esta multitud, se halla tan sola

Como pudiera estarlo en un desierto.

Soñar una región más elevada,

Amar un ideal y resistirse

A festejar este sainete humano

Que danza sobre el fétido pantano;

Asfixiarse en el aire nauseabundo

De un bajo, estrecho y miserable mundo,

Es ser maldito, odiado, escarnecido;

¡Ay de aquél que se aparte

De la infame algazara!...

Se le llama rebelde y renegado

Y se le arroja ciénago a la cara...

III

¡Qué horrible procesión la que acompaño!

Sus roncas carcajadas me hacen daño.

Yo no puedo, no puedo

Ponerme la careta del engaño

Y hacer de esos dichosos un remedo.

¡Cuántos hay que se agrupan a montones

En la encantada orilla

Del insondable mar de las pasiones!

En la noche de horror y desamparo

Del que se lanza en ese rumbo incierto.

Raro será, muy raro

Quien llegue pronto a divisar un faro

Que le conduzca al puerto.

¡Cuántos llevan el seno hecho girones

Por la garra feroz del desencanto!

Gastados corazones

Lápidas de sus muertas ilusiones

Tal vez medio borradas

Con un raudal de llanto.

IV

En la cima de un monte solitario

Termina mi Calvario.

Sentándome en el borde del sendero

Con la frente apoyada entre las manos.

Gozar de paz unos instantes quiero.

Desde aquí vuelvo con la mirada

Y en un abismo de dolor me pierdo...

En las nubladas ondas del olvido

Se despierta la voz desconsolada

Del ángel del recuerdo

¡Ah! no es tan fácil como yo creía:

Idiotizar un alma resignada;

No es fácil afrontar por mucho tiempo

Con faz siempre serena,

De un vacío sin término la pena

Y de un truncado porvenir la nada.

V

Existe un misterioso sentimiento

Que en horas de despecho y desaliento

hablaba en otro tiempo a mis oídos

Como voz interior: — "¡Espera, espera!

No juzgues de la historia de tu vida

Sin llegar a la página postrera".

¡Ya es tiempo de llegar! Voy trasponiendo

La trabajosa cima;

Ya se apaga la luz y el sol se esconde;

La noche se aproxima.

Quiero llamar a la temida puerta

Donde sólo el Silencio nos responde.

¡Tengo una horrible sed que me devora!

Mi espíritu se baña desde ahora

En esa melancólica frescura;

Estoy ansiosa ya de tu reposo,

¡Oh! lecho delicioso!

¡Callada sepultura!