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Adela Zamudio

Peregrinando, 1943

Tardes estivales

poesía, 16 versos

La postrer claridad del ocaso

En los tibios celajes desmaya,

Triste el viento suspira en la playa

De las olas al blando vaivén.

Y a medida que callan los ecos

Y me quedo en las sombras sumida,

Siento apenas un soplo de vida

Que se apaga en mi pecho también.

Ni un rumor que se escucha a lo lejos

Del desierto en la extensa distancia.

¡Ni una flor su escondida fragancia!

¡Ni una estrella su dulce fulgor!

Más profunda y callada y sombría,

Más funesta en su rígida calma,

Más helada es la noche del alma

Que no alienta un destello de amor: