Peregrinando, 1943
El viaje de la vida
poesía, 52 versos
A mi hermana Amalia
Tú, que ornadas ves tus sienes
De puras flores tempranas,
Que ningún dolor mantienes;
Tú, que ignoras los vaivenes
De las pasiones humanas:
Tú, que de todo inocente
Pasas tu existir en calma
Y vives indiferente,
Sin una sombra en la frente,
Sin una espina en el alma.
Talvez mirando lejanos
Los confines del vivir
Quieres con esfuerzos vanos
Adivinar los arcanos
Que guarda tu porvenir.
¿Por qué el futuro destino
Indagar con vano anhelo,
Si el hombre es un peregrino
Que sigue siempre un camino
Cuyo término es el cielo?
¿Qué importa que de esta vida
Cruce las playas desiertas
Si al terminar su partida
Su alma enferma y desvalida
Halla del Edén las puertas?
Qué es la vida, hermana mía
Que tan bella nos parece?
Flor que se agosta un día
Leve soplo de ambrosía
Que pronto se desvanece.
Por un áspero sendero
Es el viaje de la vida:
Infeliz de aquel viajero
Que en momento lastimero
De su término se olvida.
Que de hastío entonces lleno,
Se detiene en el camino,
Y lo sumerge en el cieno,
Del desaliento el veneno
Y no llega a su destino.
¡Oh! dichosos los mortales
Que al acabar su misión,
Entre abrojos y zarzales
Conservaron virginales
Las flores del corazón.
Por que esas flores regadas
Con las lágrimas del alma,
Ante el cielo presentadas
Por manos inmaculadas
Serán su premio y su palma.
Soledad.