Ir al contenido
Adela Zamudio

Peregrinando, 1943

Recuerdos

poesía, 44 versos

Allá en la edad feliz de la esperanza,

Cuando mis nobles, íntimos anhelos

Hallaban en el mundo indiferente

Sólo desdén grosero,

Cerrando al mundo con horror los ojos,

De su desdén huyendo,

Me refugiaba, muda y dolorida,

En mis calladas noches de desvelo;

Y entonces; en el fondo de mi mente,

De la ilusión tras el movible velo,

Surgía entre misterios y esplendores

El encantado Edén de mis ensueños:

Allí era yo feliz y me olvidaba

Del universo entero:

En raudal de delicias ideales

Se bañaba mi espíritu sediento;

Que allí todo era paz, todo armonía,

Sombra, frescura y celestial misterio.

Hoy que mi helada y muerta fantasía

Sólo se viste de zarzales secos,

Mustio jardín cuyas marchitas ramas

Cubre de polvo el tiempo,

¡Qué triste está ese Edén abandonado

Cuando a veces lo miro desde lejos!

A veces sí. Cuando con ecos lúgubres

Llama a mi puerta el soplo del invierno

Trayendo en la mudanza de estaciones

Efluvios de otros tiempos,

Reviviendo a la vida del pasado

De mi sopor despierto,

Y mi alma vuela a esa mansión querida

De mis antiguos, cándidos ensueños.

¡Qué triste está! De un astro moribundo

Lo baña el resplandor amarillento;

Ya no brota una flor en sus ruinas,

Ni un ave anida en sus medrosos huecos;

Los ecos de la vida

No turban ya su sepulcral silencio;

Sola, en las tardes tristes del estío

O en las heladas noches de invierno.

Sentada en sus escombros,

Al son del ronco viento,

Ensaya su laúd la melancólica

Musa de los recuerdos.