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Laboratorio de Tecnologías Sociales

El Taller de Historia Oral Andina: Producir las historias de los pueblos indígenas en Bolivia

En medio de unas calles laberínticas de Alto San Pedro, La Paz, que trepan desde el centro de la ciudad hacia la ciudad de El Alto, se eleva un edificio de ladrillos que no llama la atención y que a primera vista es exactamente igual al resto de los que componen este barrio de clase trabajadora. En un pequeño cartel de metal se lee: “Taller de Historia Oral Andina” (THOA). Tras la puerta del edificio están las oficinas, bibliotecas, archivos y salas de reunión del Taller. En una de las paredes se ve un gran mural del Altiplano y hay unas hojas de coca dispuestas sobre una mesa larga en torno a la cual se reúne el THOA. Son las oficinas centrales de un grupo de investigadores de base que busca generar una alternativa a la historiografía boliviana dominante, abrevando en la fuente de la historia oral de las comunidades indígenas.

El THOA fue fundado en 1983 por casi una docena de indígenas universitarios y sigue funcionando hasta el presente.[1] Sus fundadores y primeros miembros eran profesores y estudiantes de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en La Paz. La mayoría eran personas indígenas que habían migrado recientemente desde las tierras altas hacia esa ciudad para iniciar sus estudios. Cuando se trataba de la historia de los pueblos indígenas hallaban un vacío en los debates y las lecturas, que intentaron remediar produciendo relatos de resistencia indígena con la historia oral como fuente primaria.

La Paz, 1990. La autoridad indígena Andrés Jach’aqullu (de pie) comparte historias orales sobre el movimiento de los caciques apoderados con el Taller de Historia Oral Andina (THOA). Fotografía cortesía del THOA.

Junto a los movimientos indígenas de la época, que se hallaban en pleno resurgimiento, el THOA cuestionó las corrientes intelectuales de mayor incidencia en la universidad y acogió la historia oral como herramienta para la reconstrucción de historias indígenas silenciadas y fragmentadas. Tanto en su teoría como en su metodología, el THOA abrió nuevos caminos en la investigación histórica en Bolivia. El compromiso político y social del THOA con la recuperación y la promoción de la cultura y la historia indígenas se reflejó en la investigación, producción y distribución de la organización: a lo largo del trabajo realizado en la década de 1980, no solo adoptaron nuevas técnicas de investigación y estrategias de recopilación de historias orales, además crearon de cero una historiografía acerca de la mayoría de los pueblos del país y contribuyeron a transformar la conciencia histórica en Bolivia.

Así describe Felipe Santos Quispe, miembro del THOA, el programa intelectual de la organización:

El objetivo central de la institución se enmarcó en el acompañamiento y empoderamiento de las comunidades indígenas, en base al fortalecimiento de la identidad indígena, a través de la investigación, difusión, formación y educación. El THOA generó espacio de reflexión y análisis sobre temáticas candentes del quehacer nacional y las comunidades indígenas. Por último, el Taller recuperó el modelo orgánico de la reciprocidad en la relación con las comunidades, esto facilitó la implementación del método de la historia oral en la investigación interactiva.[2]

Obra de radioteatro sobre Santos Marka T’ula con la participación de miembros del THOA y del Radio Teatro Patacamaya en Ch´oxña, provincia Gualberto Villarroel, 1988. Cortesía del Taller de Historia Oral Andina.

El THOA recopiló historias orales principalmente en comunidades rurales aymaras y complementó este material con investigación de archivo para producir cuadernillos y programas radiales sobre las historias indígenas de Bolivia. Con este trabajo dieron voz al silencio público que aún cubría el pasado, los levantamientos indígenas y a los rebeldes; al hacerlo fortalecieron la conciencia histórica y la autoconsciencia entre los pueblos indígenas. Muchos de los miembros del THOA provenían de las mismas comunidades rurales en las que recopilaban y sintetizaban historias. En estos casos, el acto mismo de la investigación histórica constituía, de algún modo, un acto de autoexploración. Los investigadores trabajaban junto a las comunidades y desarrollaron un proceso en el que los entrevistados definían los parámetros de la entrevista, la investigación y la producción histórica.

Historiador aymara. Entrevista 16.10.2014, en el Archivo de La Paz, Bolivia

El trabajo del THOA se comprende mejor en conjunción con las iniciativas que por aquel entonces también encaraban los kataristas y la CSUTCB para utilizar la historia indígena anticolonial con fines políticos. En actividades sindicales, discursos, protestas, manifiestos y en monumentos a Katari, los protagonistas de esas corrientes recuperaron y distribuyeron esas historias a miembros de pueblos indígenas y a bolivianos de la clase obrera. Algo similar hizo el THOA en su difusión de la historia y la causa del entonces desconocido movimiento de los caciques apoderados de principios del siglo XX; del papel de las mujeres en los movimientos indígenas y de la revitalización de la política y la identidad comunitaria indígena.

Santos Marka T’ula (fila del medio, en el centro, con sombrero) y su escribano, Leandro Condori Chura (a la derecha de Marka T’ula, con traje oscuro) en una reunión de caciques en La Paz, Circa 1925. Cortesía del Taller de Historia Oral Andina.

El trabajo del THOA tiene un lugar importante en el panorama de la organización indígena en Bolivia durante los años ochenta. Sus esfuerzos historiográficos tuvieron eco en la consciencia de líderes y miembros de la CSUTCB. Por ejemplo, el THOA dio a conocer y difundió la lucha de Santos Marka T’ula, líder clave del movimiento indígena de los caciques apoderados. Esos caciques eran elegidos por sus comunidades para representarlas en la lucha política y legal por la defensa de sus derechos de propiedad de la tierra ante el avance de la hacienda. Como escribió uno de los primeros miembros del THOA, profesor de historia de la UMSA y académico aymara Carlos Mamani en 1989, “hasta hace pocos años el nombre de Santos Marka T’ula era prácticamente ignorado, incluso en la comunidad y provincia de su nacimiento. Hoy la federación sindical provincial campesina lleva su nombre y están contemplando la posibilidad de cambiar el actual nombre de la provincia (Gualberto Villarroel) por el de Marka T’ula.[3] Efectivamente, al día de hoy en los discursos de sindicatos campesinos y políticos de izquierda el nombre de Santos Marka T’ula es una referencia habitual, junto con los de Katari y Willka, testamento del éxito del trabajo emprendido por el THOA. Uno de los efectos más notables y duraderos del Taller en el movimiento indígena del país fue el papel crítico que tuvo en la formación del CONAMAQ, una red nacional de ayllus.

Haga click para ver El libro del THOA sobre la vida de Santos Marka T’ula, publicado por primera vez en 1984. Cortesía del Taller de Historia Oral Andina

El surgimiento del THOA en la escena sociopolítica de principios de los ochenta fue parte de un giro nacional hacia la organización y la política indígena. Mientras los militantes luchaban en las calles para cambiar el curso de la historia, el THOA producía historias indígenas y transformaba la visión que la mayoría indígena del país tenía de sí misma, de su pasado y de su futuro en la nación que querían reconstruir.

A través de la recopilación de historias orales, el THOA tenía como objetivo recuperar el pasado indígena silenciado de los Andes.[4] Sus miembros entendían la conquista y colonización española de las Américas como fuerzas que destruyeron y fragmentaron la historia indígena. Para Carlos Mamani, la larga duración del colonialismo infligió un trauma político, económico y social a los pueblos indígenas de Bolivia, un trauma que fracturó la memoria y la conciencia histórica de esos pueblos y soterró la historia aymara. “Desde ese momento,” escribe Mamani en un cuadernillo sobre la metodología del THOA, “nuestra memoria histórica fue destinada a sobrevivir clandestinamente, y a manifestarse en mitos y tradiciones orales”. La historia oral brindó la posibilidad de entretejer las historias fracturadas y desplazadas por el colonialismo y el neocolonialismo, de rescatar la historia indígena –y, por lo tanto, la identidad– de una desaparición inminente. Mamani explica: “Si no nos preocupamos por conocer nuestra historia y por recuperar nuestro destino histórico, muy pronto los aymaras, quechuas, urus, guaranís seremos convertidos en piezas de museo”.[5]

Miembro del THOA y Profesor de Historia en la UMSA. Entrevista hecha 5.2.2015 en la UMSA

Las publicaciones del THOA tenían amplia distribución en las áreas rurales y un impacto político y social directo. En los primeros años, sus miembros creaban, a partir de sus investigaciones, materiales breves y accesibles para distribuirlos en comunidades rurales. Entre los temas había historias de rebeldes indígenas de principios del siglo xx, vías de resistencia de las mujeres en los movimientos indígenas, la historia del ayllu, una colección de fechas importantes para la historia boliviana de resistencia y opresión, tradiciones populares indígenas y relatos infantiles ambientados en comunidades rurales aymaras.

Portada de la publicación del THOA Mujer y resistencia comunitaria: Historia y memoria, de 1986. El trabajo incluye testimonios de mujeres quechuas y aymaras sobre su participación en levantamientos indígenas. Cortesía del Taller de Historia Oral Andina.

El THOA también organizó programas radiales y foros públicos que lograron sacar de la universidad los debates sobre cultura y política indígenas hasta llevarlos al ámbito público en La Paz y en las comunidades rurales de las tierras altas. Además de publicaciones y programas radiales, el THOA organizó eventos culturales innovadores en espacios universitarios en los que, por primera vez, los académicos hablaban pública e intencionalmente en aymara, en lugar de una copa de vino se compartían hojas de coca en un akullicu, el acto comunal y ritual de mascar coca. Las publicaciones del THOA estaban disponibles en español, pero lo destacable es que se publicaban en aymara y quechua, por ese entonces una decisión poco común en el ámbito de las publicaciones de historia.[6]

Las producciones del Taller estaban muy difundidas en las comunidades en las que trabajaban. En 1993, miembros de una comunidad rural le comentaron a una investigadora externa, Virginia Ayllón, que las publicaciones del THOA eran accesibles, útiles y muy leídas.[7] Es facil medir el impacto del trabajo del THOA: en todo el panorama político e intelectual boliviano actual pueden encontrarse rastros de las investigaciones y producciones históricas del Taller. Desde el rescate de la historia y las acciones de Santos Marka T’ula a la revolucionaria publicación sobre la historia y la reconstitución del ayllu que tanto sirvió al CONAMAQ en años posteriores, el THOA, más que ninguna otra organización de investigación histórica de esa época, dejó una larga huella en la causa indígena en Bolivia.

El Taller surgió en un período en el que las organizaciones indígenas cuestionaban las políticas racistas y asimilacionistas del Estado. Ese giro se vio en las universidades del país: estudiantes y profesores aymaras comprometidos impulsaban debates y difundían métodos de investigación que ponían en primer plano la historia y la cultura indígenas. El THOA nació en los pasillos de una de las universidades públicas más importantes del país, la UMSA. Ubicada en el corazón del centro de La Paz, en la calle principal de la ciudad, hace largo tiempo que la UMSA es un lugar de protesta y organización estudiantil. A principios de los ochenta, una nueva generación de estudiantes y profesores indígenas se propuso difundir e investigar las historias indígenas de Bolivia.

El THOA fue una expresión generacional del flujo de estudiantes indígenas provenientes de zonas rurales del país hacia el sistema universitario. Esos herederos de las reformas universitarias de la Revolución Nacional de 1952 hallaron aliados entre los profesores universitarios indígenas. Las semillas del THOA se sembraron en aulas en las que los temas indígenas se incluían por primera vez en el programa y se debatían abiertamente. Profesores y estudiantes indígenas se abocaron a lo que consideraban la continuidad de la colonización en Bolivia y encontraron historias indígenas que aún existían en los márgenes de la sociedad, en los testimonios orales y en fragmentos de archivos sobre ese pasado.

Mediante el énfasis en las historias y visiones indígenas del mundo, el THOA cuestionó las corrientes intelectuales dominantes del ámbito académico. Así como en décadas pasadas los gobiernos y las élites intelectuales habían sojuzgado la cultura e identidad indígenas y las habían borrado de las representaciones y los debates sobre la narrativa histórica y el panorama social del país, en los análisis marxistas dominantes de muchos profesores universitarios de los ochenta se dejaban de lado las experiencias y la cultura dinámica que los estudiantes indígenas traían consigo a la universidad. La docente de sociología de la UMSA, militante y cofundadora del THOA, Silvia Rivera Cusicanqui plantea que las cuestiones del neocolonialismo y comunidades indígenas fueron ignoradas por un enfoque marxista que lo consideraba todo estrictamente en términos de clase. Así explica Rivera Cusicanqui el contexto en el que se creó el THOA: “Estábamos en un contexto en el que salíamos de la dictadura; la universidad volvía un poco a tener su autonomía, pero todavía había, digamos, una hegemonía marxista muy fuerte”.[8] Este análisis veía como “primitivas” a las comunidades de las que provenían muchos de los alumnos indígenas. Rivera Cusicanqui se explaya sobre las consecuencias de esta tendencia en la universidad y en la sociedad boliviana en general:

La teoría y la investigación social ‘comprometidas’ sirvieron para encubrir nuevas prácticas paternalistas y coloniales frente a la cuestión étnica. Las élites de izquierda, de raíz cultural criolla occidental, tenían una visión meramente instrumental de las demandas étnicas: ellas eran útiles solo en tanto no se autonomizaran de la movilización popular controlada por la izquierda.[9]

A principios de la década de 1980, grupos de mujeres, jóvenes y –lo que aquí es más importante– indígenas de los Andes disputaron esa perspectiva. En tiempos en que las temáticas indígenas no se discutían ampliamente en las aulas, un flujo de estudiantes aymaras aportó otras perspectivas a esta mixtura. Sus opiniones estaban enraizadas en la Bolivia rural y en la memoria de sus comunidades y ancestros.[10] Las historias y experiencias indígenas compartidas convergieron en las aulas de la UMSA y dieron lugar a la creación del THOA.

Rivera Cusicanqui explica que mientras trabajaban por su autodeterminación y sus derechos, los movimientos indígenas también reclamaban el “derecho de generar sus propias sistematizaciones ideológicas y políticas, desplazando del rol de intermediarios a los intelectuales y cientistas sociales de las diversas disciplinas”.[11] Esas movilizaciones políticas exigían repensar las metodologías antropológicas y los enfoques de investigación empleados por los académicos en relación con los pueblos y las culturas indígenas. Este cambio llegó, según Rivera Cusicanqui, “gracias a que las movilizaciones y organizaciones indias asumían un creciente control y crítica frente a los intentos de instrumentalización del investigador y del político de izquierda”.[12]

El THOA fusionó las demandas, ideologías y estrategias organizativas de los nuevos movimientos indígenas con un enfoque de investigación histórica que colocaba el poder de investigación en las manos de los mismos sujetos indígenas. Rivera Cusicanqui escribe:

Obviamente, el énfasis sobre la historia es central a todos estos movimientos: el pasado adquiere nueva vida al ser el fundamento central de la identidad cultural y política india, y fuente de radical crítica a las sucesivas formas de opresión que ejerce sobre el indio la sociedad q’ara. Es en este contexto que surgen los proyectos de historia oral del THOA, como un intento de poner en práctica las exigencias de recuperación histórica de los movimientos indios. El trabajo del THOA contribuyó con estos cambios en la conciencia histórica, tanto dentro como fuera de la academia, que sucedían gracias a una nueva generación de líderes indígenas.[13]

A fines de los setenta y principios de los ochenta, el trabajo de Rivera Cusicanqui en la UMSA la puso en contacto con una nueva generación de jóvenes estudiantes aymaras procedentes de zonas rurales y de comunidades migrantes urbanas, que se convirtieron en aliados en el proyecto de reconstrucción de la política y la tradición intelectual indígena.[14] Al igual que el crecimiento del katarismo, el establecimiento de nuevos partidos políticos y la presencia de sindicatos campesinos, la creación del THOA fue una de las muchas iniciativas y organizaciones que surgieron a partir de los vínculos cada vez más estrechos entre el campo y la ciudad. Como explica el historiador y miembro del THOA Esteban Ticona:

Nótese que lo que enriquece el debate y las propuestas es la mutua relación entre quienes llegaban del campo y lo representaban y quienes tienen otras experiencias y reflexiones desde su mayor inserción en la ciudad. Si falta este intercambio, los del campo tienden a ser demasiado pragmáticos e inmediatistas y los de la ciudad, demasiado teóricos.[15]

Las tradiciones intelectuales de esos dos mundos se fundieron en el THOA, directamente encarnadas en los jóvenes migrantes indígenas que constituyeron el núcleo del Taller; se dio así una potente combinación de experiencias políticas y de vida que alimentaron el trabajo y la visión de la organización.

El grupo de estudiantes que se unieron al THOA tenía una historia en común. La mayoría había crecido en el campo y había migrado a la ciudad para trabajar, estudiar o vivir con su familia. Según algunos miembros del Taller, su participación en la fundación y durante los primeros años fue un reflejo de sus experiencias en el campo, de los debates durante la escuela secundaria, el racismo que vivían en la ciudad y del deseo de explorar sus propias identidades e historias como pueblos indígenas.

Felipe Santos, miembro elocuente que se ha unido al Taller hace mucho tiempo y continúa activo en la organización, fue parte de la generación de estudiantes que migró del campo en los años setenta. El colegio Bolívar al que asistió en La Paz tenía un gran número de estudiantes indígenas y allí construyó vínculos con otros jóvenes quechuas y aymaras. Ese nuevo flujo de estudiantes indígenas a las escuelas medias y las universidades fue resultado directo del mayor acceso a la educación que permitió la Revolución Nacional. Para Santos, la dirección política e ideológica que desarrolló en su juventud se vio motivada por una reflexión entre sus pares sobre las raíces rurales compartidas, las dictaduras y los triunfos y escollos de la Revolución Nacional.[16]

 Integrante del THOA. Entrevista 31.3.2014 en La Paz, Bolivia en oficinas del THOA

Esos debates sentaron las bases de lo que tiempo después se convertiría en el THOA. Santos recuerda que él y sus compañeros de clase ya discutían sobre política, historia y liberación indígena en la secundaria. Más tarde, en la universidad, llevaron esos debates al MUJA, Movimiento Universitario Julián Apaza, el mismo grupo que había influido sobre líderes como Raimundo Tambo y Genaro Flores. Santos también estudió con Fausto Reinaga, como muchos de sus contemporáneos.[17] Esos jóvenes militantes indígenas sintieron la necesidad de volver a su pasado, a sus raíces históricas y culturales, al ayllu. Explica Santos: “Entonces dijimos, ‘tenemos que volver a retomar, investigar de hecho nuestra realidad’”.[18] En los profesores universitarios Silvia Rivera Cusicanqui y Tomás Huanca, encontraron aliados dispuestos y entusiastas. Huanca, cofundador del THOA junto a Rivera Cusicanqui, se involucró desde el comienzo con el grupo de estudiantes aymaras de la universidad; él había vivido hasta los veinte años en una pequeña comunidad cercana al lago Titicaca. Trabajó como maestro rural hasta ingresar a la UMSA para estudiar Sociología bajo la dirección de Rivera Cusicanqui.[19] Con su apoyo y el de Huanca, los debates entre la nueva generación de académicos militantes de la UMSA se fueron profundizando y se puso en marcha el proceso colectivo que decantaría en la fundación del THOA.

La filosofía del THOA estuvo directamente orientada por las experiencias de vida de los nuevos migrantes a la ciudad. Filomena Nina, una de las primeras integrantes del THOA me dijo en las oficinas del Taller: “Nosotros venimos de las comunidades”. Nina se había unido al THOA transcribiendo entrevistas y aún trabajaba en la organización décadas después, mientras daba clases de aymara. Su voz es suave, pero sus palabras sobre el profundo racismo que sufrió junto a otros estudiantes indígenas a principios de los ochenta son contundentes: “En las comunidades ya entrando en la ciudad sufrimos discriminación, ya por nuestra lengua, ya por nuestro aspecto”.[20] Los primeros miembros del THOA, como Nina, se vieron atraídos a la organización porque esta ofrecía un refugio ante la marginalización que sentían como estudiantes indígenas y migrantes recién llegados a la ciudad.[21]

Esos estudiantes eran fuertemente discriminados en los pasillos de la universidad. En el centro de La Paz, en uno de los centros municipales de medicina tradicional que dirige actualmente (además de trabajar como profesor de derecho indígena), hablé con otro de los primeros miembros del THOA, Marcelo Fernández Osco. Fernández también llegó a La Paz desde las costas del lago Titicaca para estudiar sociología: “Ese proceso de sacar la licenciatura fue tremendamente caótico porque primero digamos no se podía hablar [aymara] […] en aquel momento estoy hablando de fines de los años 70 y principios de los 80. La universidad no admitía que uno dijera que era indio, que yo soy aymara. Hablar aymara era casi un delito”.[22]

Todo jugaba en contra para los estudiantes en sus primeros intentos de reflexionar sobre la cultura y la historia indígenas, claro está, de estudiarlas. Para poder ingresar a la universidad debían cambiar el apellido indígena por otro en castellano. Pero Nina recuerda que a principios de los ochenta los estudiantes empezaron a negarse a cambiar su nombre. Empezaban a mostrar un sentimiento cada vez más generalizado entre los indígenas de la UMSA, como explica Nina: “no podemos seguir así ¿no?, nosotros somos también parte de esta nación, entonces tenemos toda la libertad de, bueno, de manifestarnos”.[23] Los primeros miembros del THOA, como Nina, Fernández y Santos colaboraron con Rivera Cusicanqui y Huanca para confrontar el racismo estructural en la academia.

Linguista y Cofundadora del THOA, Entrevista en Sede del THOA, La Paz, 3.4.14.

Bolivia estaba cambiando y también la universidad. Las clases de Rivera Cusicanqui, los debates que ayudó a generar y su relación con estudiantes aymaras fueron espacios críticos de convergencia en los que la creciente actividad política indígena de Bolivia halló suelo fértil. En los setenta se había creado en los pasillos de la UMSA, hogar de ese nuevo nexo, la primera carrera de sociología, pero no fue hasta los ochenta que se fundó la de antropología.[24] Los esfuerzos de estudiantes y profesores por construir nuevas vías para explorar la cultura, la historia y la política indígenas convergieron en ese período y abrieron camino para la entidad independiente que fue el THOA.

Muchos miembros del THOA recuerdan las aulas y los debates en la UMSA como espacios que derivaron en la creación del Taller. Algunos de los primeros debates surgieron del curso de Superestructura Ideológica que dictaba Rivera Cusicanqui. Lucila Criales, miembro de larga data del Taller, quien está a cargo de la producción de publicaciones, recordó que por aquel entonces el marxismo era la teoría hegemónica en las aulas: “Hablaban del imperialismo, última fase del capitalismo, toda la historia de la Revolución Rusa, el famoso 17 de octubre, el 18 de Brumario y los modos de producción asiáticos”. Y les explicaron: “‘Los pueblos primitivos entran en el modo de producción asiático.’ Y a nosotros no nos convencía”. Esta visión marxista del pasado y el cambio político no encajaba con la experiencia vital de Criales como persona indígena.[25] No era la única; muchos estudiantes que sentían que sus concepciones del mundo eran silenciadas y menospreciadas las experiencias e historias de las sociedades indígenas, llegaron al THOA.

Que el pensamiento marxista fuera predominante en las aulas de la UMSA era consecuencia de que una cantidad de profesores se hubiera formado en instituciones europeas y latinoamericanas de ciencias sociales en las que reinaba el marxismo. El historiador René Arze, estudiante de la UMSA durante este período, cuenta que “fue una era muy influenciada por la Revolución Cubana; todo el mundo hablaba en términos ortodoxos marxistas, como ‘proletariado’, ‘burguesía nacional’ y ‘teorías de plusvalor’, mientras los que estábamos interesados, por ejemplo, en los pueblos indígenas del Chaco, éramos vistos como unos raros, completamente fuera de sintonía con el pensamiento intelectual y político dominante”.[26] Muchos en el ámbito universitario que querían entender las raíces de la pobreza, la falta de desarrollo en Bolivia en el contexto económico mundial y cómo las naciones occidentales lucraban con el subdesarrollo boliviano recibieron con entusiasmo las teorías de la dependencia de André Gunder Frank y Fernando Henrique Cardoso. Sin embargo, el catedrático Kevin Healy, que ha estudiado Bolivia extensamente, escribe: “Si bien fueron lentes correctivos útiles, en algunos aspectos, ni el marxismo ni el paradigma de la dependencia le dieron importancia al papel positivo de la cultura indígena. Frank llegó a decir que esto había conducido a la ‘incultura’ de los indios”.[27] Los estudiantes que buscaban respuestas sobre su propia identidad y cultura indígenas rechazaban estas ideologías y buscaron enfoques alternativos.

Este tipo de debates y tensiones marcaron profundamente a quienes integraban el THOA. Por ejemplo, Marcelo Fernández dice que cuando eran jóvenes, él y sus amigos leían a Marx y Lenin, pero que estos autores no los ayudaban a entender su realidad en cuanto sujetos indígenas ni a construir alternativas al neocolonialismo. Leían a los clásicos, explica Fernández, pero “resultaba que esa lectura, en términos instrumentales y en términos conceptuales no hacía sentido cuando analizábamos nuestra realidad, esa era la gran deficiencia, decíamos, algo está pasando, eso es como tener un machete que no corta”[28], un sentir que llevó a muchos jóvenes pensadores y militantes indígenas a explorar historias y proyectos de cambio social propios.

Las iniciativas de los estudiantes indígenas en la UMSA calaron en nivel universitario alto, hasta dar lugar a cambios clave en los contenidos curriculares de la universidad. El cuerpo docente de sociología y un puñado de historiadores de la UMSA comenzaron a incorporar las temáticas y las culturas indígenas, además del estudio de esas culturas, a sus metodologías de investigación y debates políticos. Rivera Cusicanqui fue una precursora clave en este período. Healy escribe: “El caso de Silvia Rivera Cusicanqui, hija de un destacado doctor, era inusual porque tenía un segundo apellido, que era indígena. Ella reveló un linaje aymara de caciques provenientes de la aristocracia de La Paz que estuvieron activos durante el periodo colonial”.[29] Rivera Cusicanqui hizo trabajo de campo en la provincia de Pacajes, donde florecía el katarismo, y estudió antropología en Perú en un programa de Maestría con el renombrado académico Jorge Dandler. Se encontraba trabajando en la UMSA cuando miembros del régimen militar de de los años ochenta, encabezado por García Meza, confiscaron su biblioteca personal y la empujaron al exilio en México, donde escribió el clásico e influyente libro “Oprimidos pero no vencidos”, en el que pasa revista a las luchas de los movimientos indígenas en la Bolivia del siglo XX. Regresó a su país en 1982 y poco después cofundó el THOA.[30]

Fue una era tumultuosa que tuvo una influencia directa en su pensamiento sobre la memoria y la historia oral. Lo recuerda así:

Yo empecé con la Historia Oral porque me robaron todos los documentos. Cuando la dictadura de García Meza, me saquearon la biblioteca con todos mis documentos, que eran, entre comillas, ‘subversivos’, en la medida en que eran pensados como documentación de la política de ese momento, en los 80, pero no, pues, eran cuestiones muy antiguas. Pero el hecho de que me los robaron y me dejaron solo la memoria me hizo acordar mucho de lo que había visto y oído. De ahí que me caló mucho que a uno le pueden quitar todo, pero la memoria no.[31]

Esta manera de entender el poder de la memoria y de la historia oral dio forma a los debates que sostendría en sus clases, por lo que fue recibida con entusiasmo por una nueva generación de estudiantes de la UMSA.

Una de las primeras integrantes del THOA, Lucila Criales, recordó haber encontrado algo distinto en la clase de Rivera Cusicanqui, a diferencia de las de otros profesores: “Silvia empezó con su discurso de historia oral, de conocer la historia de los indios”. Sin embargo, cuando la profesora preguntaba qué habían hecho los pueblos indígenas de Bolivia durante los diferentes períodos históricos, la clase enmudecía. Los archivos, los libros y la biblioteca apenas contenían historias contadas desde la perspectiva de esos pueblos. Fue entonces, cuenta Criales, que decidieron tomar otro rumbo: el de la historia oral. Los estudiantes y profesores del THOA quisieron poblar ese silencio entrevistando a los mayores de las comunidades indígenas, líderes de revueltas pasadas y rebeliones olvidadas, y a aquellos que habían escuchado historias de lucha indígena transmitidas de generación en generación.[32]

Para muchos de sus miembros, el THOA ofreció una vía de autorreflexión y autoinvestigación. Filomena Nina, por ejemplo, vivió como una experiencia profundamente personal el hecho de poder plantear y debatir una pregunta fundamental: ¿quiénes somos? Para ella fue central saber que “nuestros antecesores habían luchado, pero que no era reconocido ni por la historia”. El THOA se propuso desenterrar esas historias. “Entonces en ese sentido yo creo que sí aporta mucho a la historia, porque si no supiéramos, no tuviéramos una trayectoria, no sabríamos quienes somos, porque tenemos que tener todo eso para fortalecernos a nosotros mismos también y nuestra identidad”,[33] agrega Nina. La pasión de los miembros del THOA por su trabajo se explica porque este alimentaba el sentido de dignidad, de pertenencia a la lucha social.

Las actividades del Taller no tenían precedentes en Bolivia. De hecho, por entonces la investigación histórica en las universidades estaba dominada por personas del ámbito de la política y el derecho que ignoraban el papel de los pueblos indígenas en la historia de Bolivia.[34] Mary Money, historiadora y exdirectora de los Archivos Históricos de La Paz, explica que el THOA posibilitó un enfoque nuevo y una nueva dirección para la historia boliviana:

Antes la historia era de actos administrativos o batallas memorísticas donde se ensalzaba la figura de las clases elitarias que gobernaban el país […] Estos intelectuales aymaras recurrieron a la historia oral que consiste en viajar al campo, entrevistar a los actores vivos que habían participado en los movimientos indígenas de emancipación […], retomar el curso de su historia en rechazo a esa historia de la élite europea y norteamericana que se transmitía en las universidades.[35]

Las narrativas dominantes sobre la historia boliviana en los manuales de escuela secundaria relegaban a los márgenes a los héroes indígenas y sus rebeliones. Carlos Mamani estuvo profundamente involucrado en las iniciativas de reconstitución del ayllu en los noventa y en la producción de muchos de los materiales más influyentes del THOA. Criticó las versiones dominantes de la historia boliviana en las cuales las revueltas de Túpac Katari no eran más que una nota al pie en la historia de la Guerra de independencia contra España y de la era republicana.[36]

Según Mamani, en esa bibliografía se simplifica el período pre–colonial: Katari era un simple precursor de la independencia y la Revolución Nacional de 1952 era un punto de quiebre glorioso para el país. El historiador explica: “En todo el período republicano, nuestro pueblo, a pesar de su peso numérico mayoritario, es prácticamente borrado del mapa”.[37] Los miembros del THOA debieron hallar la manera de “volver a nosotros mismos”, dice Marcelo Fernández. “No es porque lo hemos leído a Lenin o a Marx, ni porque nos hemos leído a historiadores occidentales,” agrega Fernández. “Es cuando hemos retornado a nuestra propia historia, lo hemos mascullado, lo hemos digerido, ¿qué era Tupac Katari? ¿Qué era Julián Apaza? ¿Qué era Bartolina Sisa?”. Desde el THOA habían “dado la vuelta a la historia” y descubrieron que estos líderes “eran grandes constructores del país, pero de esa historia en la historiografía no se dice absolutamente nada”.[38]

Los miembros del Taller empezaron a unir las pocas piezas históricas disponibles. Fernández comenta: “Entonces lo que tuvimos que hacer fue una reconstitución también de una bibliografía mínima”. Leían a Reinaga y Frantz Fanon, libros de Estados Unidos sobre el movimiento Black Power, historias orales sobre el período franquista en España. “Entonces esa literatura, por supuesto, nos ha dado el background conceptual para entender o para analizar la realidad, más la memoria oral de los abuelos, porque la memoria oral de los abuelos era como también hablar como con un filósofo o con un historiador”.[39]

Sobrina de Fausto Reinaga, Habla de su trabajo en conservar y promover el pensamiento del filósofo Indigena Fausto Reinaga y la importancia de su legado. La Paz, 10.3.2015

Este impulso por cuestionar los silencios acerca de la historia indígena llevó a estudiantes como Fernández a buscar en lo profundo, a buscar las respuestas, las historias ocultas, por otras vías:

Nosotros como estudiantes decíamos, ‘¿qué pasa, por qué no se discute en las aulas universitarias la historia boliviana? ¿Qué es lo que ha pasado? ¿No tenemos héroes, no tenemos precursores? ¿No tenemos protomártires? ¿No hay historia, no hay civilización?’ Entonces a raíz de todo ese proceso, que en realidad es un racismo todavía viviente y practicante en la universidad, nosotros decidimos autoinvestigarnos y nos autoinvestigamos nosotros mismos y de ahí sale el Taller de Historia Oral Andina.[40]

La metodología del THOA está ligada a los compromisos políticos e intelectuales de la organización, cuyo propósito era descolonizar la investigación y la producción históricas. La cercanía de los miembros del THOA a las comunidades y culturas que investigaban facilitó enormemente su trabajo. Sus métodos horizontales contribuyeron a la recuperación de la memoria y los conocimientos comunitarios. Las iniciativas del Taller para unir fragmentos de la memoria y huellas históricas en un todo ayudaron a llenar los vacíos y volver a hilar el tejido narrativo de la resistencia indígena.

Los miembros del THOA no eran extraños que llegaban desde lejos a una comunidad indígena; se los consideraba parte de la misma comunidad, aunque pertenecieran a una diáspora aymara más amplia provocada por la migración a las ciudades. Cuando hacían sus entrevistas, abordaban el trabajo desde un espacio de íntima comprensión: hablaban el mismo idioma y muchos habían vivido en comunidades rurales cuando eran jóvenes. “El hecho de ser indígenas, investigadores indígenas, nos hacía parte de la misma comunidad”, explica Felipe Santos.[41] Para muchos investigadores del THOA, la experiencia de recopilación de testimonios se parecía más a un encuentro con la familia extendida.

El trabajo del THOA fue un proceso de reflexión y memoria colectiva; se desdibujó la línea divisoria entre investigadores e investigados. Los miembros se estaban investigando a sí mismos, sus propias identidades y sus pasados. Santos explica que “era como una especie de autorreflexión y esa autorreflexión la compartíamos con las comunidades”. No había desconfianza. “Amanecíamos conversando, debatiendo en las comunidades”.[42] Los investigadores militantes y los miembros de la comunidad iban conociendo su historia, la cultura y la visión del mundo ancestrales, pero también iban conociéndose a sí mismos.[43]

Muchos de los participantes del THOA, o sus parientes directos, habían vivido en las regiones rurales en las que el grupo trabajaba. Por ejemplo, Carlos Mamani vivió hasta entrada su adolescencia en una comunidad de las tierras altas donde la resistencia local había frenado la llegada de la hacienda. Esta experiencia personal, además de su conocimiento de primera mano de la cultura y las tradiciones de su comunidad, fueron claves para la investigación que hizo en la region donde creció.[44]

Que los integrantes del THOA hablaran aymara también sirvió de puente. Para los miembros fundadores era un requisito hablar un idioma indígena, porque esas eran las lenguas de la confianza y la seguridad en uno mismo. Marcelo Fernández reflexiona sobre el papel fundamental del idioma en los primeros trabajos del Taller: “cuando hablamos en aymara, cuando akullicamos, cuando conversamos en las noches, ahí sale una historia profunda y es una historia profunda que viene de larga data”.[45] Sin hablar el idioma de las comunidades, los investigadores no hubieran podido acceder a las mismas historias, al mismo significado ni al mismo sentir.

Así como el idioma fue una vía de ingreso, compartir coca –una hoja de uso medicinal y espiritual muy extendido en los Andes– permitía enraizar las conversaciones en los rituales y las bases culturales de la comunidad. Nina explica que “La coca es un elemento para hacer un diálogo. Es una manera de decir charlemos, no necesariamente diciendo, sino mostrando y dando coca, entonces eso ya tiene otra significación. Es decir, nosotros ya sabíamos el lenguaje simbólico de las comunidades”.[46] Por esto mismo, los miembros del Taller solían llevar coca a las entrevistas.

Los archivos de audio del THOA de principios de los años ochenta arrojan luz sobre las metodologías que sus integrantes desplegaban en las comunidades. En algunas de las grabaciones, en las que se habla sobre todo en aymara, es posible escuchar el masticado de las hojas de coca que toman los participantes y cómo las akullican durante las entrevistas. En otras, los momentos de la vida diaria rural están presentes en el cacareo de las gallinas, el canto de los pájaros o en el viento que golpea el micrófono como un látigo mientras se conversa a la intemperie. [47] Horas y horas de este tipo de entrevistas y conversaciones en las comunidades rurales constituyeron el núcleo de las producciones históricas del THOA.

Grabación de la radionovela en el estudio de grabación del THOA en 1991, con Valentina Jacha Collo (al micrófono), María Eugenia Choque (izquierda), Nicanor Huanta y Lucía Quispe (fondo). Cortesía del Taller de Historia Oral Andina.

El Taller usó varias técnicas para que los mayores pudieran recordar el pasado con precisión y así completar los relatos históricos. En el caso de los entrevistados que habían viajado extensamente durante el período que se estaba investigando, los miembros del THOA los llevaron a visitar los sitios relacionados con ese pasado, para que pudieran recuperar sucesos importantes con más detalle.[48] También procuraron entrevistar a personas que no estaban necesariamente ligadas a los sucesos históricos importantes para la comunidad, pero que eran narradores excelsos o tenían un conocimiento profundo de la historia y la cultura local. En sucesivas entrevistas, esas personas desplegaban una visión más amplia de la historia. Historias de vida, como explica Carlos Mamani, que ayudaron a “enriquecer nuestra visión de lo que son las pautas culturales comunes y las variantes individuales en una sociedad como la nuestra”.[49]

Los investigadores y quienes brindaban su testimonio compartían gran parte de su cultura y experiencia vital, se identificaban uno con el otro y hablaban el mismo idioma: bases de una producción participativa y horizontal de la historia. Era un proceso que corría al investigador de su papel central para poner el foco en una colaboración genuina que, para los miembros del THOA, descolonizaba su metodología. El estilo de las investigaciones se ponía en evidencia en los modos de organizar las entrevistas. En sus reflexiones sobre los primeros trabajos del THOA, Rivera Cusicanqui explica que los entrevistados mismos decidían el enfoque y los temas de la investigación, el formato y los modos de conducir las entrevistas, en qué consistía el proceso de devolución, evaluación y discusión de las transcripciones con la comunidad y cómo iba a usarse el producto final.[50]

Los investigadores del THOA no establecían verticalmente los elementos de participación y producción en el proceso de investigación, lo que equivaldría, según Rivera Cusicanqui, a reproducir los métodos occidentales de investigación que oprimían a los pueblos indígenas. El enfoque del THOA, escribe, era “un ejercicio colectivo de desalienación, tanto para el investigador como para su interlocutor”. Esta participación activa y colaborativa por parte de “comunidades y movimientos investigados” nos aproxima entonces a la “desalienación y descolonización de la historia.”.[51] En este tipo de proceso, el entrevistado no es un “objeto de estudio”, sino un participante en la reflexión colectiva.[52] Rivera Cusicanqui explica que a través de estas colaboraciones en entrevistas y debates “se descubrirá la complejidad y riqueza de los modos de pensamiento y visiones de la historia que generan los propios actores en su experiencia vital”.[53]

Gregorio Barco Guarachi, hijo de Santos Marka T’ula, en El Alto. Fotografía tomada el 25 de marzo de 2015 por Benjamin Dangl.

El objetivo de las entrevistas del THOA no era solamente la recopilación de datos; a menudo en ellas se investigaba el papel del pasado en la transformación de la sociedad. Esto posibilitaba debates fecundos, por ejemplo, sobre la persistencia del colonialismo en la época actual. Mamani escribe: “Esto nos permite reflexionar sobre el presente a la luz del pasado: preguntarnos, por ejemplo, si estamos viviendo la misma realidad o si se ha producido algún cambio”. Y agrega:

En algunas comunidades, colectiva o individualmente, hemos generado así una reflexión sobre la permanencia de la situación colonial como sistema de dominación de nuestros pueblos y esta reflexión ha enriquecido la toma de conciencia de las organizaciones sindicales, comunales, etc.[54]

El ideal de estos métodos de investigación ha guiado el trabajo del THOA en cada etapa de la producción histórica de la organización. Desde la recopilación de testimonios hasta la formación de una narrativa y un tejido de las historias fragmentadas, esta relación no jerárquica fue parte esencial del trabajo que emprendió el THOA para reconstruir la historia indígena de Bolivia.

Mientras los movimientos indígenas luchaban en las calles y en las barricadas por el poder político y por sus derechos, el THOA libraba las batallas intelectuales que buscaban colocar a los pueblos indígenas en el mapa histórico de Bolivia. Los miembros del THOA usaron técnicas de la historia oral para recuperar el pasado silenciado y fragmentado de los pueblos indígenas y para producir historias que sirvieran a la acción política en plena era de resurgimiento indígena. Este empeño por descolonizar la investigación y la historia indígena ha inspirado y orientado la conciencia histórica respecto de las culturas indígenas y sus historias en Bolivia.


Este es un extracto del libro Memoria Rebelde: Movimientos indígenas y descolonización de la historia en Bolivia, publicado por el Taller de Historia Oral Andina y Plural Editores. Traducido al español por Nancy V. Piñeiro y editado por Oswaldo Calatayud Criales.


Ahora puedes visitar el sitio web del THOA que ayudamos a desarrollar en: https://thoa-bolivia.org/

  1. Puede consultarse la revisión y el análisis que ofrece sobre el trabajo de la organizacion el miembro del THOA Felipe Santos Quispe en “Una mirada autocrítica”, 169.
  2. Ibid., 161.
  3. Carlos Mamani Condori, Metodología de la historia oral, La Paz: Ediciones del THOA, 1989: 22.
  4. El razonamiento del THOA que sustenta su uso de la historia oral como Fuente halla eco en lo que muchos otros impulsores de la historia oral han defendido. El historiador británico Paul Thompson, que tuvo un papel clave en la difusión de la recopilación de historias orales como técnica de investigación desde los años 1970 como parte de la British Oral History Society, sostiene que la historia oral “le devuelve la Historia en sus propias palabras a quienes hicieron y vivieron la historia”. Paul Thompson, “The Voice of the Past: Oral History”, in The Oral History Reader, (eds.) Robert Perks and Alistair Thomson, Londres: Routledge, 2006: 26. (La voz del pasado: historia oral. Trad. Josep Domingo [Valencia: Edicions Alfons El Magnanim, 1988], 297. La traducción de la cita es nuestra).
  5. Carlos Mamani, Metodología de la historia oral, 6-7, 9.
  6. Kevin Healy, Llamas, Weavings, and Organic Chocolate, 87. En esta importante obra sobre el desarrollo rural en Bolivia, el académico Kevin Healy ofrece una mirada sucinta, pero sumamente, útil sobre el trabajo del THOA. Healy lo examina como parte de su investigación sobre el desarrollo rural y la política y organización indígenas a fines del siglo xx en Bolivia.
  7. Marcia Stephenson, “Forging an Indigenous Counterpublic Sphere”, 110-111. Stephenson cita a Virginia Ayllón S., “Evaluación externa del Taller de Historia Oral Andina. Proyecto: Investigación, formación, y difusión” (informe presentado ante la Inter-American Foundation y Semilla, La Paz, Bolivia, 1993). El ensayo de Stephenson sobre el THOA es una fuente crítica sobre la organización. En ella, la autora plantea que el THOA constituye una “esfera contrapública” para los intelectuales aymaras, que les permite promover colectivamente las historias y perspectivas políticas indígenas.
  8. Fundación Para la Investigación Estratégica en Bolivia (pieb), THOA: Taller de Historia Oral Andina. Este video fue producido por la organizacion de investigación boliviana pieb con motivo de haberle otorgado al THOA el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanas “Fundación pieb”, un prestigioso galardón anual. El video ofrece un panorama general del trabajo y la historia del THOA, e incluye entrevistas con muchos de sus miembros.
  9. Silvia Rivera Cusicanqui, “El potencial epistemológico”, 14-15.
  10. Fundación Para la Investigación Estratégica en Bolivia, THOA: Taller de Historia Oral Andina.
  11. Silvia Rivera Cusicanqui, “El potencial epistemológico”, 15-16.
  12. Ibid.
  13. Ibid., 18.
  14. Kevin Healy, Llamas, Weavings, and Organic Chocolate, 85.
  15. Esteban Ticona, Organización y liderazgo aymara, 154.
  16. Felipe Santos Quispe, entrevista con el autor, La Paz, Bolivia, 31 de marzo de 2014.
  17. Ibid.
  18. Ibid.
  19. Kevin Healy, Llamas, Weavings, and Organic Chocolate, 85-86.
  20. Filomena Nina, entrevista con la autora, La Paz, Bolivia, 16 de octubre de 2014.
  21. Kevin Healy, Llamas, Weavings, and Organic Chocolate, 86.
  22. Marcelo Fernández Osco, entrevista con el autor, La Paz, Bolivia, 11 de octubre de 2014.
  23. Filomena Nina, entrevista con la autora, La Paz, Bolivia, 16 de octubre de 2014.
  24. Kevin Healy, Llamas, Weavings, and Organic Chocolate, 82-83.
  25. Martín Cúneo y Emma Gascó, “Bolivia-Taller de Historia Oral Andina: ‘Despertamos al descubrir nuestra propia biografía’”, Upside Down World, 3 de febrero de 2014, consultado el 9 de diciembre de 2015, .
  26. Kevin Healy, Llamas, Weavings, and Organic Chocolate, 83.
  27. Ibid., 83-84. Healy cita a André Gunder Frank, Capitalism and Underdevelopment in Latin America, Nueva York: Modern Reader, 1969: 136. [Capitalismo y subdesarrollo en América Latina, Buenos Aires: Siglo xxi, 1973, traducción de Elpidio Palacios].
  28. Marcelo Fernández Osco, entrevista con el autor, La Paz, Bolivia, 11 de octubre de 2014.
  29. Kevin Healy, Llamas, Weavings, and Organic Chocolate, 85.
  30. Ibid., 85-86. Otra perspectiva esclarecedora sobre este período es la de Brooke Larson, Cochabamba, 1550-1900: Colonialism and Agrarian Transformation in Bolivia, Durham: Duke University Press, 1998: 322-347.
  31. Sergio Di Nucci, “Entrevista con la socióloga e investigadora boliviana Silvia Rivera Cusicanqui: ‘La historia escrita no habla del papel indígena en las protestas sociales’”, Infonews.com, 13 de septiembre de 2012, consultado el 9 de diciembre de 2015, .
  32. Martín Cúneo and Emma Gascó, “Bolivia-Taller de Historia Oral Andina”.
  33. Filomena Nina, entrevista con la autora, La Paz, Bolivia, 16 de octubre de 2014.
  34. Kevin Healy, Llamas, Weavings, and Organic Chocolate, 86.
  35. “THOA por 30 años recoge la historia oral de los pueblos”, Erbol, 22 de noviembre de 2013, consultado el 9 de diciembre de 2015,
  36. Carlos Mamani, Metodología de la historia oral, 15-16.
  37. Ibid.
  38. Marcelo Fernández Osco, entrevista con el autor, La Paz, Bolivia, 11 de octubre de 2014.
  39. Ibid.
  40. Ibid.
  41. Felipe Santos Quispe, entrevista con el autor, La Paz, Bolivia, 31 de marzo de 2014.
  42. Ibid.
  43. Quienes orientaban el trabajo de los miembros del THOA eran fundamentalmente las personas y comunidades en las que recogían testimonios. Sobre este tema se puede consultar también: Audra Simpson, Mohawk Interruptus: Political Life across the Borders of Settler States, Durham: Duke University Press, 2014; Florencia Mallon, Decolonizing Native Histories; y Smith, Decolonizing Methodologies.
  44. Carlos Mamani Condori, Taraqu, 1866-1935: Masacre, guerra y “Renovación” en la biografía de Eduardo L. Nina Qhispi, La Paz: Ediciones Aruwiyiri/THOA, 1991, 7.
  45. Aniversario a Santos Marca Tula”, (s.f.), archivos digitales de audio, 01550_0291_01_03_THOA—01550_0291_03_03_THOA. A, Archivo del Museo Nacional de Etnografía y Folklore, La Paz, Bolivia.
  46. Filomena Nina, entrevista con la autora, La Paz, Bolivia, 3 de abril de 2014.
  47. Selección de grabaciones de audio del THOA en los archivos del Museo Nacional de Etnografía y Folklore en La Paz, Bolivia. Por ejemplo, THOA, “Homenaje
  48. Carlos Mamani, Metodología de la historia oral, 31-32.
  49. Ibid., 27
  50. Silvia Rivera Cusicanqui, “El potencial epistemológico”, 21.
  51. Ibid., 20-22.
  52. Carlos Mamani, Metodología de la historia oral, 28.
  53. Silvia Rivera Cusicanqui, “El potencial epistemológico”, 22.
  54. Carlos Mamani, Metodología de la historia oral, 29.

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