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Laboratorio de Tecnologías Sociales

Etnografía de la fiesta de Santa Vera Cruz Tatala

La fiesta de Santa Vera Cruz Tatala, realizada en las cercanías de la ciudad de Cochabamba, constituye una práctica religiosa popular donde se articulan la devoción, el comercio ritual, la fertilidad, la producción agrícola, la reproducción animal y las expectativas de bienestar familiar. Durante la festividad, los devotos acuden al Tatala para pedir salud, trabajo, hijos, animales, casa, dinero o prosperidad, mediante el uso de objetos simbólicos como wawitas, figuras de yeso, velas, k’oas y la quema de bosta.

En ese sentido, la presente etnografía se orienta por la siguiente pregunta: ¿cómo se articulan la devoción religiosa, la economía ritual y las expectativas de fertilidad, producción y prosperidad en la fiesta de Santa Vera Cruz Tatala? A partir de ello, el objetivo es analizar las prácticas rituales y simbólicas presentes en la festividad, considerando su relación con la fe, los objetos de petición, el comercio ritual y las formas de representación del bienestar familiar, productivo y económico.

A partir de las 19:00 pm del día 02 de mayo de 2026, se procede a realizar la etnografía de la fiesta de Santa Vera Cruz Tatala, ubicada a siete kilómetros de la ciudad de Cochabamba, a un costado de la avenida Petrolera. Al llegar en el tren metropolitano, es posible notar la gran cantidad de personas que se aproximan al lugar. Desde las ventanas del tren, unas cuadras antes de la iglesia, ya es posible divisar una serie de juegos como ruedas de la fortuna, tiro al blanco, escaleras inflables, futbolines, entre otros.

A medida que el tren se aproxima, comienzan a verse dos filas de vendedores de artículos relacionados a la festividad que se encuentran frente a frente, hasta llegar a la entrada. Al descender del tren, ya es posible observar la presencia de vendedoras de flores, hojas de coca y velas dentro de la estación. Es interesante ver cómo las personas utilizan el tren metropolitano “moderno” para llegar a un lugar de prácticas religiosas tradicionales campesinas no modernas.

Al descender las gradas, para llegar a la entrada, ya se puede notar una gran cantidad de personas que bajan de forma apresurada para llegar al lugar. Justo antes de la entrada se observa a vendedoras, mujeres en su mayoría, de artículos variados elaborados con yeso: vacas, gallinas, conejos, caballos, cerdos, patos; así como otros elaborados con metal y plástico: autos, camiones, vagonetas, trufis, casas, edificios; también existen otros artículos relacionados con el estudio, el trabajo, el matrimonio y la salud, de los que se venden certificados en miniatura.

Incluso hay vendedoras ambulantes de carbón, velas, asientos plegables y de plástico, e incluso venden figuras pequeñas de los santos para prender en la ropa. En una entrevista, una de las vendedoras, al respecto de la figura pequeña que a uno le prenden en la ropa al pasar y casi sin permiso para luego cobrar la suma de 10 bolivianos, menciona que es “para que (el santo) le bendiga en su salud, en su trabajo, para su hogar, para que le vaya bien, para que le proteja de todas las maldades, envidias y todo eso”

Santo de Santa Vera Cruz Tata

Lo llamativo son los bebés de plástico que se encuentran a la venta, las wawitas. Existen de todo tamaño, precio y sexo, envueltos con pequeñas mantas y gorros de diferentes colores, incluso algunos se los envuelven con aguayos, depende de la preferencia de las personas. Se tuvo la oportunidad de entrevistar a una vendedora, quien, al mismo tiempo que nos vendía velas mencionaba que si es la primera vez que uno va a la fiesta te prendes para tu salud, para tu familia. Aquí se vienen a pedir las parejas hijito, wawita. Por eso se compran ahí afuera, hombrecito, mujercita, quieren. Luego hacen la fila a sus pies del tatita le ponen y le dicen, dame wawita, (el santo) les da. Y después esas velitas para tu familia, para tu salud, para que te vaya bien. Otros quieren tener sus camiones, se traen su camión, se compran su camión. Pero como estás viniendo la primera vez, te vas a pedir nomás al tatita lo que tú quieres con fe. Le vas a decir, quiero trabajo, quiero estar bien o quiero mi casita. Vos le pides con fe, le vas a decir, la primera vez que vengo, voy a venir al año a agradecerte. Si vos quieres, le vas a decir que vas a volver y vas a volver. Pero si le dices que estás viniendo por primera vez, o que te estás yendo de viaje, que te ayude, que cuando vos vas a volver un día le vas a venir a visitar. 

Venta de wawitas

Es bastante notable la presencia de varios elementos simbólicos que los comerciantes ofrecen. Una vez que las personas adquieren algunos de estos elementos, ingresan a la iglesia y otras pasan directo al lugar donde se realizan k’oas y quema de bosta de animales, otras visitan ambos lugares. En la parte lateral de la iglesia, es posible notar una suerte de escenario donde se encuentra el santo denominado Santa Vera Cruz Tatala.

En relación a los animales, se lo debe analizar desde dos perspectivas; la primera desde la lógica de la representación simbólica de las figuras que los comerciantes ofertan y venden a quienes tienen animales, siendo ellos mismos los que realizan un breve ritual para bendecir, ch’allar y sahumar la figura que están vendiendo “para que se cumpla” y sus animales sean fértiles. La segunda, desde las personas que tienen animales y llevan sus heces para quemarlas a modo de sahumerio, prenderle velas y ch’allar, una vez quemadas, llevar las cenizas para hacerlas bendecir por el sacerdote. Una vez culminada esa parte del proceso, regresan a su lugar de origen e indican esparcir las cenizas en el corral de sus animales para que sean fértiles. Sobre este último punto, una señora sostiene que la quema de bosta es «para que nos vaya bien, para que nuestros ganados se reproduzcan. Es la bosta de nuestras vaquitas. La hacemos secar, agarramos lo más sequito y traemos para pedir por esas vaquitas. Es que no podemos traer las vaquitas, pero eso parte de su cuerpo. Lo que queremos quemar es que no se mueran las vaquitas. Para que nos den más producción, para que no se enfermen, para que tengan crías, para que tengan leche. (Al terminar de quemarse las cenizas) hacemos bendecir y llevamos al corral, vamos a botar al mismo, donde están las vacas, ahí lo echamos». 

En ese sentido, hay personas que combinan ambos rituales. Llevan las heces de sus animales y compran las figuras de yeso para realizar el ritual. Se pudo observar que las heces y las figuras están relacionadas. Si las heces son de vaca, se compran figuras de vaca; si tienen gallinas, se compran gallinas, eso sucede en cada situación. El detalle está en que se colocan las figuras junto a la pequeña pila de bosta para ser quemada, junto a velas y serpentina para ch’allar con cerveza o chicha. Además, se observa a personas que solo prenden velas y a lado colocan las figuras de sus animales e indican que “estamos pidiendo lo que se pueda”, a esto se suma la creencia de que “no se dice lo que te estamos pidiendo”, porque no se cumple.

Comercio de figuras

Mientras sucede todo aquello, es posible percibir el olor a velas quemándose, el humo de las k’oas y de las quemas de bosta que nublan la visión y la tierra que se levanta al caminar, al mismo tiempo que hay un leve frío que hace necesario el consumo de una cierta cantidad de alcohol para acompañar el pijchado de coca. El moverse se hace difícil por la cantidad de personas que llegan y otras que se van en medio de un bullicio de creyentes y comerciantes. 

Llama la atención que, las personas en su mayoría campesinos, opten por consumir cerveza y no chicha. Había pocos que llevaron chicha en botellas de gaseosa, posiblemente la obtuvieron en su lugar de origen, quizá se trata de chicha elaborada por ellos mismos o puede ser que la compraron de camino al lugar. Sin embargo, se vio un mayor consumo de cerveza, sobre todo en personas jóvenes y adultos, las personas mayores de habla quechua, eran quienes consumían chicha mientras cantaban coplas. Se pudo observar la presencia de una persona, varón, que recorría el lugar interpretando coplas con un acordeón. Si las personas le invitaban chicha o cerveza, incluso, si le pagaban, él se quedaba a tocar por unos minutos. Este fue el escenario que se observó hasta la 1:00 de la madrugada, aproximadamente.

Al día siguiente, al promediar las 06:30 am el frío se siente aún más y se vio el lugar casi vacío, con una elevada cantidad de basura consistente en bolsas, papeles de periódico, latas de cerveza y botellas de plástico que, minutos más tarde, era recogido por el personal de limpieza de la alcaldía. Al mismo tiempo, ya se notaba la llegada de personas al lugar junto a los comerciantes que abrían sus puestos de venta de figuras de yeso, masitas como rosquete y empanadas, además de los que vendían desayuno consistente en api, tojorí, pastel y buñuelos, incluso había quienes vendían comida que había sido preparada desde la noche anterior.

Poco a poco las personas comenzaron a hacer dos filas a los pies de santo. La primera fila, se forma del santo hacia la derecha y la segunda va a la izquierda. Los primeros, forman la fila más larga, debido a que llevan sus símbolos para ser bendecidos, otros, dejan a las wawitas (los bebés) que adquirieron el año anterior. Los segundos, esperan a que se dejen las wawitas a los pies del santo para recogerlos.

La petición

Según la creencia y algunos relatos relacionados a la petición de wawitas, hay personas que acuden al santo pidiendo concebir, esto, debido a que por algún motivo no logran tener hijos, es decir, no pueden tener wawas. Además, la lógica consiste en que alguien tiene que regalar la wawita o, necesariamente, se debe encontrar uno en los pies del santo, dejado por alguna persona que lo está devolviendo porque el milagro ya se le cumplió o ya no se quiere tener más hijos. Si alguien se compra el bebé y realiza el ritual, se cree que el milagro no se cumple. No obstante, en la entrevista anterior, la comerciante indicó que es posible comprarse y pedir wawita al santo.

Se pudo observar de cerca cómo tres parejas encontraron wawitas y se las llevaron para ser bendecidas. Una primera pareja, al parecer llegó de viaje porque se encontraban con sus maletas a un costado y no fueron ni a buscar hotel, hicieron fila y cuando alguien dejó al bebe a los pies del santo, ellos se aproximaron, lo levantaron, lo hicieron bendecir y se detuvieron a rezar por unos minutos. Se podía ver cómo la pareja sostenía al bebé en sus manos mientras rezaban y la esposa se encontraba con lágrimas en los ojos a tal punto de que casi rompía a llorar.

La segunda pareja, hizo la fila equivocada, pero al llegar a los pies del santo, la esposa fue la que encontró al bebé. Según el encargado de controlar las filas le dijo que “ahí no había nada, ¿has encontrado?” a lo que ella, con una sonrisa y asintiendo con la cabeza le dijo que “sí”. Se aproximó una segunda encargada de controlar las filas y se armó una especie de diálogo cargado de sorpresa y alegría señalando “mirá, ha encontrado y ahí no había nada”, ella respondió: “es su suerte, pues…”. Se aproximó su pareja, juntos hicieron bendecir el bebé y se marcharon. En cuanto a la tercera pareja, hicieron la fila, pero ya venían con el bebé en sus manos. Se notaba cierta creencia en ella, pero él denotaba algo de escepticismo en relación a lo que estaba haciendo, es decir, no se los veía muy creyentes, pero se encontraban ahí, pidiendo por el milagro desde tempranas horas de la mañana.

Hubo dos personas que llamaron la atención. Se trata de un varón, acompañado de su pareja, después de hacer la fila, él se aproximó y le colocó billetes a la túnica del santo prendiéndose con alfileres, para luego, ella hacer bendecir un aguayo que sostenía en sus manos y que envolvía algo que no se pudo observar, luego juntos rezaron y se retiraron. Casi detrás de ellos, se encontraba una señora que una vez que llegó frente al santo, se puso de rodillas para rezar mientras le acariciaba los pies.

La devoción

Al promediar las 7:00 u 8:00 de la mañana, se dio inicio con una primera misa a la que llegaron varias personas devotas al santo. Al mismo tiempo, comenzaron a llegar otras personas que no ingresaron a la misa, sino que fueron directamente al espacio dedicado para la quema de bosta. Comenzaron a delimitar sus espacios utilizando serpentinas o piedras para colocar las heces de sus animales en la parte central y prenderles fuego, otros, acompañaban la quema de bosta con sus mejores productos que habían cultivado. Mientras, los ch’allaban con cerveza o chicha, sacaban comida de sus ollas que habían sido llevadas en aguayos o bolsas de mercado.

Algunas personas delimitaron su espacio junto a quienes son sus vecinos en su lugar de origen. Por ello, mientras decoraban con piedras y serpentinas, conversaban y reían en quechua. Una pareja joven, se encontraba junto a sus suegros, sacaron comida y notaron que la pareja de a lado, que ya eran mayores y estaban solos, no se llevaron comida. Al notar aquello, compartieron de lo que ellos tenían con un “servite”. La pareja aceptó la comida y agradeciendo comenzaron a comer entre todos. Resultó curioso ver cómo una familia compuesta por ambos esposos junto a su hija, armaron para luego quemar la bosta, en ese momento el esposo comenzó a sahumar un bolsón de mano de color negro, es decir, hizo pequeños círculos en el aire agarrando el bolsón con la mano derecha para que este quede impregnado de humo.

Quema de bosta de campesinos cochabambinos

También se pudo observar la presencia de residentes aymaras que viven en Cochabamba, por tanto, la estructura del armado de su k’oa es diferente. En el caso de las k’oas y quemas de bosta de campesinos cochabambinos, su estructura hace referencia al territorio agrícola que poseen, reflejando el lugar de siembra y cosecha, dónde se ubica la casa y el espacio que ocupan sus animales. Es una configuración vinculada a lo agrario. En contraste, los migrantes aymaras, reproducen una especie de cuadra o manzano, ubicando el espacio en el que se encuentran sus casas. En lugar de colocar animales, estiércol y ubicar el lugar de siembra y cosecha, los aymaras, sitúan su casa, auto y dinero. Además, la k’oa, ya que no queman bosta, tiene un diseño muy elaborado; colocan aguayos en el piso, los elementos simbólicos encima, rodeados de serpentina y mixtura en grandes cantidades para ch’allar con cerveza y comer mientras están sentados alrededor.

Por tanto, los campesinos cochabambinos piden mayor producción agrícola y de sus animales, pero los migrantes aymaras piden prosperidad económica. Los primeros, buscan rodearse de sus vecinos y sin demasiados adornos en sus k’oas y quemas de bosta. Los segundos ocupan un mismo espacio en familia y sus k’oas, están adornadas con serpentina, mixturas, flores, e incluso la imagen de Santa Vera Cruz Tatala en un retablo que, según el relato de uno de ellos, se encuentra en la familia “desde los tiempos del tatarabuelo de mi papá”.

Alrededor de las 10 de la mañana, al concluir la segunda misa, se pudo notar que muchas personas se aproximaron al altar para que el sacerdote bendiga las imágenes que las personas llevaban. Entre ellas había aguayos con elementos en su interior, como vacas de yeso, wawitas e incluso llevaron la imagen de un santo en un retablo. En la parte externa de la iglesia ya se pudo notar la presencia de varias personas que hacían fila para la bendición, otros comenzaban con la quema de bosta, la venta de figuras también se reactivó. A tal punto de que para las 12 del mediodía, era difícil caminar por la cantidad de personas, se sentía que el sol quemaba la piel y hay pocos árboles para protegerse en ese sector, la comida y la bebida ya se habían acabado en algunos lugares y la gente no paraba de llegar.

Solidaridad entre vecinos

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